Detergente para bebés

Este post es más de tipo marujeril, pero también va bien compartir este tipo de cosas porque con la maternidad surgen muchos gastos.

Si sois madres ya sabéis que teniendo hijos se incrementa exponencialmente el número de lavadoras y que el detergente no lo regalan precisamente. 

Con la típica canastilla de Caprabo venía una muestra de Norit bebés, que es el único detergente de marca especialmente formulado para bebés que encuentro en los supermercados de alrededor.

El tema es que 750 ml de Norit bebés cuesta 3,99 euros, es caro. En Caprabo no tienen, pero dos supermercados (que yo sepa) sí que ofrecen una alternativa de marca blanca.

Detergente para bebés marca blanca.

Detergente para bebés marca blanca.

En Bonpreu 1 litro sale a 1,99 euros. En Mercadona, a través de su marca propia Bosque Verde también ofrecen detergente para bebés, en su caso el envase de 2 litros, ahora mismo no estoy segura de lo que costó pero si no recuerdo mal 2,50 euros.

Ambos me van bien y tienen muy poquito perfume (que me gusta), pero en este caso prefiero el de Bonpreu, creo que el poco olorcito que tiene la ropa es más agradable.

Un abrazo.

Pañales Deliplus Mercadona

Pañales deliplus mercadona

En el sitio donde estamos de vacaciones el único supermercado que tenemos cerca es un Mercadona enorme. Por lo tanto he tenido que comprar sus pañales y toallitas, pero no me importa porque ¡así os puedo dar mi opinión!

Pañales Deliplus, allá va mi opinión:

De entrada llama la atención el precio, cinco euros noventa, pero es un paquete más pequeño que los que suelo comprar de Babysmile o Dodot, porque sólo lleva 36 pañales.

Aquí veis las distintas tallas.

Aquí veis las distintas tallas.

Una vez con el pañal en la mano, la primera impresión es buena. De textura son suaves, parecidos a los del Lidl o Babysmile, aunque quizá me da la sensación de que son un pelín más rígidos. El dibujito me gusta porque no es muy aparatoso y es simpático. Huelen un pelín a químico pero no es desagradable como en la Dodot y en cualquier caso como digo es muy poquito.

Una vez puestos le están bien y no hemos tenido ningún problema de fugas. Sí que he notado que al cabo del rato cuando hay pipí en ellos, se quedan como rígidos o duros. Pero debo añadir que han aguantado perfectamente una super caca de estas que mi A hace cada tres días.

A pesar de las dos cositas que he señalado (el tema del olor y de que quizá son más rígidos o duros) mi valoración es buena y es un pañal que no me importaría usar. 

De hecho ha cambiado un poco mi opinión respecto a ellos. Cuando A tenía un mes una amiga me dio un par de pañales Deliplus del Mercadona que no me gustaron nada. Pero eran diferentes (sin dibujito, muy rigidos y de tacto muy plástico) así que no sé si es que han cambiado la forma de fabricarlos o qué. En el paquete pone “nuevos más finos” así que es posible.

Otra cosa que me ha llamado la atención estando en el Mercadona es la gran variedad de presentación del producto que tienen. Por ejemplo, había paquetes de pañales para un sólo día, es práctico si viajamos. También tienen pañal sumergible marca Deliplus muy barato (dos euros noventa y cinco). Si lo llego a saber voy allí cuando compré para piscina porque yo los compré de marca y me salieron a diez euros.

Pañales acuáticos deliplus mercadona.

Pañales acuáticos deliplus mercadona.

También tienen pañales talla 0, 1 y de hecho tienen hasta para prematuros, lo cual no es muy habitual que yo sepa, porque por ejemplo los del Lidl o BabySmile creo que no hacen tallas tan pequeñas o por lo menos en mi súper no hay, por eso me vi comprando los de Dodot (a pesar del pestazo a químico de los Dodot Sensitive).

Tallas para los peques más peques.

Tallas para los peques más peques.

Espero que este post os haya sido de utilidad. Un abrazo.

Toallitas Deliplus Mercadona

Mercadona ofrece toallitas Deliplus perfumadas y sin perfumar.

Para los que lleguéis a este blog en frío os comento que estoy de vacaciones y como sólo tengo el Mercadona cerca he comprado pañales y toallitas Deliplus. En este post toca hacer una valoración de las toallitas.

De entrada, Mercadona ofrece dos toallitas de bebés Deliplus distintas, unas perfumadas (algo más baratas) y otras sin perfume. Los que me leéis ya sabéis que soy poco entusiasta de los perfumes fuertes en relación con los bebés, por lo tanto como bien adivináis he elegido las sin perfume. 

La verdad es que me han gustado mucho al usarlas. La textura bien (ni muy gruesas ni muy finas), la humedad bien (no deja residuos jabonosos) y el olor bien (prometen que no llevan perfume pero huelen como a limpio igualmente así que algo deben llevar, pero no es escandaloso). El precio también es muy atractivo.

En conclusión, quizá los pañales no están mal pero no me han convencido por la rigidez del material, pero las toallitas Deliplus sí que me han convencido y creo que las volveré a comprar. 

Un abrazo.

Progreso

Disfrutando de la salida del sol.

Después de unas semanas de sleep regression, parece que la tormenta ya ha pasado. Ahora estamos de vacaciones y mi marido había prometido ayudarme por las noches, bromeamos de que justo cuando estuviéramos los dos, entonces terminaría. Efectivamente.

Ya llevamos un par de noches en que duerme de 8 pm a 7 am, sólo despertándose ligeramente para hacer un par de tomas. Para cuando termina sigue durmiendo y yo también. Estoy que no me lo creo.

El gran cambio que he notado después de la sleep regression es que por primera vez se duerme solita. Me ha pasado de dejarla en la cama y mientras yo voy a ponerme el pijama y vuelvo, encontrármela dormida. Me da una ternura tremenda y la sensación de que ya es muy mayor.

Imagino que habrá noches de todo, algunas en que habrá que acunarla, otras en que no, pero lo cierto es que antes nunca había podido dormirse ella misma y lo atribuyo al fin de la sleep regression. De hecho recordemos que la sleep regression de los seis meses tiene que ver con la adquisición de fases y patrones de sueño más parecidos a los de los adultos, por lo que no me parece una idea descabellada.

Por otra parte, el baby led weaning es divertidísimo y está saliendo genial. No entiendo por qué me daba tanto miedo empezar, porque sigue mamando como una bestia. La diferencia con antes es que a las horas de comer la sentamos en la mesa en la trona y le vamos dando cositas, que disfruta enormemente. 

Hasta ahora ha probado: pan, macarrones, espaguetis, pera, plátano, pollo, brócoli, judía verde, carne de cerdo, canónigos, lechuga, endibia, calabacín y tomate.

El calabacín, el tomate y el brócoli le encantan. La carne y el pan también los rechupetea con gusto.

Y eso es todo de momento. Un abrazo.

Vacunas

Últimamente andaba con la mosca detrás de la oreja respecto a las vacunas, por varias razones.

Una de ellas, que conozco a gente culta y responsable que me comentaba sus razones para no vacunar a sus hijos. Sus argumentos son entre otros que las vacunas no son buenas, pueden afectar a la salud y que en realidad no son efectivas.

Como os digo, dado que esta gente son personas todas ellas informadas y que cuidan muy bien de sus hijos, esto me hacía plantearme una duda razonable.

Por otra parte, ya sabéis que estoy involucrada en la concienciación sobre violencia obstétrica. Es un campo bastante desalentador, básicamente porque muchísimos profesionales de ginecología y obstetrícia (y personal sanitario adyacente) actúan deliberadamente contra la evidencia científica más aplastante.

Es por ello que desgraciadamente esto ha creado en mí un sentimiento de desconfianza que quizá estoy trasladando injustamente a otros ámbitos médicos.

Como sabéis, tengo mis convicciones personales, pero en cualquier caso siempre, siempre, siempre, soy partidaria de que cada familia se informe a fondo sobre los temas que le afecten o le preocupen, para que con base en los datos que recaben puedan tomar una decisión. Cada familia sabe lo que es mejor para ellos, porque no todos somos iguales, por lo tanto no tiene sentido que todos hagamos lo mismo.

Una amiga me comentó que hace tiempo se había encontrado en la misma situación de duda. Entonces leyó el libro En defensa de las vacunas, del maravilloso Carlos González. Lo he sacado de la biblioteca y lo he leído yo también. Estoy encantada.

En defensa de las vacunas, Carlos González.

En defensa de las vacunas, Carlos González.

Carlos González puede despertar distintas reacciones, pero una cosa es innegable y es que es muy buen divulgador.

Le agradezco mucho el esfuerzo que hace de no tratarnos con paternalismo a los padres: sus libros están llenos de datos, explicaciones claras sobre conceptos y sobre todo, remite a innumerable bibliografía seria que respalda lo que te está explicando. Se nota que cuando escribe algo ha hecho los deberes anteriormente.

Si tenía alguna duda o inseguridad respecto a las vacunas, se ha evaporado. Página tras página, con datos plenamente fiables y contrastables, argumenta las razones de por qué vacunar a nuestros hijos.

Básicamente hace un recorrido histórico sobre las distintas enfermedades y el proceso hasta alcanzar la vacuna, más el impacto que la vacunación ha tenido en las poblaciones y sociedades. 

Quiero decir que además de ser un libro científico con datos, es muy interesante desde el punto de vista histórico porque explica anécdotas de la historia de la vacunación y la historia médica. Por ejemplo la hazaña de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna o la Gran Carrera del Suero en Alaska.

Si os encontráis en mi misma situación, os recomiendo esta lectura. A mí me ha resultado muy útil para disipar dudas y tomar una decisión. 

Un abrazo.

No salen las cuentas

De entrada me gustaría decir que esta crítica, como cualquier otra que pueda hacer en mi blog, no es un ataque, si no una invitación a la reflexión respecto de cosas que en la sociedad están totalmente asumidas como automáticas.

Todxs sabemos que lxs bebés necesitan presencia, contacto, cariño. Pero a menudo me sorprendo porque hay padres que se quejan de lo demandantes que son sus hijxs y de la cantidad de contacto físico que exigen (en realidad, un bebé sano necesita los primeros meses el mayor contacto posible), y relatan todos los esfuerzos que hacen en que se acostumbre a tener “su espacio” (mejor dicho, que se acostumbre a no invadir el espacio de los padres), por ejemplo con chupetes, mantitas, peluches, hamaquitas, cunas, moisés…

De este modo sabemos que un día tiene 24 horas. Estos padres por supuesto trabajan, un mínimo de 8 horas, y tienen que desplazarse al trabajo, así que añadimos una hora más. Ya sólo nos quedan 15 horas.

De estas 15 horas, los bebés, especialmente los más pequeños, pasan muchas durmiendo, quizá 12, pero para ser conservadora voy a poner diez (y soy consciente de que me quedo corta). Por supuesto estos bebés que “tienen su espacio” están en su cuna, muy a menudo en otra habitación, sin contacto ni siquiera auditivo.

Ahora nos quedan seis horas de posible contacto. Pero hay que salir a pasear, que nos tiene que dar el aire fresco a todxs después de un largo día en la oficina para unxs y en la guardería para otrxs. Ponemos dos horas más, que por supuesto transcurren en el carrito. Nos quedan cuatro horas de posible contacto.

Cuando estamos en casa, tenemos que hacer cosas. Hay que tener tiempo también para relajarse, y el peque directo a la hamaquita o al parque, con restricción de movimientos, si tiene suerte le irán diciendo cositas a un par de metros, si no, con la tele basta. ¿Una hora más?

Nos quedan tres horas posibles de contacto, mucho del cual tiene que ver con actividades que muchas personas tratan como meras rutinas que hay que llevar a cabo y no como oportunidades de afecto. Hablo por ejemplo de un cambio de pañal o el momento de vestirse.

Si el bebé mama quizá aunque viva en una familia donde le den “su dichoso espacio”, sí que tendrá ratitos en que al menos notará la piel de mamá sobre la piel de su mejilla. Si toma biberón, a no ser que se lo dé alguien que sepa hacerlo de forma respetuosa, ese contacto también se nos escapa.

En muchos casos apenas me salen dos horas de dedicación pseudoexclusiva al peque. Dos horas, de 24 que tiene un día, es apenas un 8,3% del total del tiempo diario.

Creo que con este panorama valdría la pena que los “espacios” de madres, padres y bebés se unieran más a menudo… Y quizá no está de más hacer pedagogía: el lugar de un bebé es el cuerpo de alguien que le quiera.

Cuando seas viejx

Cuando seas viejx, ¿qué clase de persona desearás que te cuide?

Cuando te sientas sólx, agotadx, el cuerpo no te responda y necesites ayuda hasta para lo más básico. Tal vez te sientas asustadx en un mundo hiperestimulante al que no puedas seguirle el ritmo… Y busques ansiadamente el rostro de alguien conocidx, el abrazo de un cuerpo del que conoces el olor y te reconforta…

Unxs cuidadorxs decidirán que eres una molestia en su vida, en sus oportunidades de realización personal, ocio y consumo. En consecuencia te adiestrarán para seguir rutinas, hasta que entiendas que tus necesidades inmediatas no tienen lugar en su existencia. Tal vez pases varias noches durmiéndote entre lágrimas, asustadx, en una habitación oscura que ya no reconozcas. Hasta que ya no llores, porque hayas entendido que nadie vendrá a consolarte.

Y cada vez que haya que ayudarte en algo, ya sea a comer o a ponerte la ropa, el/la cuidador/a se sentirá amargadx, molestx, invadidx en su espacio, donde tú no cabes. No apreciará el brillo de agradecimiento de tus ojos ante una palabra amable o una caricia ni que sea rápida. Sólo verá a alguien que le molesta, que le complica la vida.

Otrx cuidador/a en cambio decidirá que tu estado de vejez es parte de la vida, y que ciertamente conlleva muchos desafíos, a los que tendrá que adaptarse. Pero decidirá la forma de tratar contigo es desde el amor, y que en él encontrará siempre la solución si no buena, la menos mala, donde las necesidades de todxs tengan lugar y sean ponderadas.

Y te dirá palabras cariñosas y te preguntará sobre tu día aunque ya no puedas contestar, mientras te cambia la ropa y tu cuerpo frágil y vulnerable está expuesto. Le bastará tu mirada brillante para continuar conversando, porque sabe que estás ahí. Que tu corazón todavía late, todavía ama.

Cuando seas viejx, ¿con cuál te quedas?

Y ahora que eres joven, ¿qué clase de cuidador/a eliges ser?

Objetos transicionales

Estaba amamantando a peque A cuando se me acercó una de las personas presentes y me dijo con una sonrisa y muy cariñosamente: “sabes, ahora ya entiendo qué es esto que haces. Porque claro, Fulanito (dos años) cuando necesita cariño se coge su chupete y su peluche y se pone cómodo en el sofá y ahí se queda relajado, y cuando Menganita (tres años) necesita cariño, se coge su chupete y se coge su mantita que se frota en la cara hasta que se relaja. Pero claro, como tu pobre hija no tiene ni mantita, ni chupete, ni peluche, no le queda otra que recurrir a ti para sentirse segura.”

Esto que os digo no es ciencia ficción, es real. El planteamiento me ha parecido demoledor.Mi pobre hija, que tiene que conformarse con su madre para consolarse. 
Constantemente nos quejamos de cómo vivimos en una sociedad de relaciones interpersonales empobrecidas y de materialismo exacerbado donde las personas buscan la satisfacción de sus necesidades en objetos.
Pero a la par que nos quejamos, precisamente obligamos a los más pequeños y vulnerables a satisfacer sus necesidades más primarias con pobres sustitutos de la relación interpersonal más dulce y básica que existe, que es aquella con su madre o en su defecto un cuidador que le quiera, y es la que fundamentará todo lo que vendrá después.
Cuando necesito un abrazo, voy y se lo pido a mi marido o a alguien que me quiera, no me abrazo a un cojín suave. Hacer el amor con mi marido no es lo mismo que usar un consolador, o que él use una muñeca de plástico, aunque quizá nos ayudaría a salir del paso en un momento dado.
En cambio a los niños les pedimos que canalicen sus necesidades en objetos. De este modo el pecho de la madre, que no es sólo alimento si no que es cariño, confort, calorcito, olor, se sustituye por una pieza rígida y fría de caucho o de goma. Y la seguridad del abrazo se reemplaza por un peluche o mantita que con suerte por lo menos no vendrá de China.
Estas son las pobres herramientas con las que una gran cantidad de niños tienen que afrontar su dimensión afectiva o emocional. Y después nos quejamos de que los adultos no sabemos establecer relaciones sigificativas y que estamos aislados…
Objetos transicionales:
Aprovecho para explicar el concepto de objeto transicional. Si un niño o niña transfiere su afecto a un objeto, ya sea un chupete, peluche o mantita, significa que existe un gap o desfase entre el cariño y seguridad que necesita y el que sus cuidadores deciden que quieren ofrecerle o creen que deben ofrecerle.
Esto es así y ha sido profundamente estudiado durante décadas por la psicología. Por lo tanto, estos objetos son instrumentos y no necesidades. Lo aclaro porque en este sentido me parece oportuno precisar que no tengo nada en contra de ellos como herramientas en un momento dado (aunque yo personalmente haya decidido no usarlos).
Por ejemplo, una madre que no da el pecho puede encontrar en el chupete una buena opción (de hecho este es uno de los casos en los que es recomendable), o mientras vamos en coche y no podemos sacarnos la teta.
El problema radica en que muchas personas no ven estos objetos como una opción si no como una necesidad. Creen que el chupete o mantita son imprescindibles, cuando no lo son. Sencillamente son una herramienta para que el pequeño o pequeña gestione la ausencia del cariño o afecto explícito que necesita por parte de los cuidadores que de otra manera se le hace literalmente insoportable. 
Por otra parte, hay formas de usar una herramienta como es el chupete sin convertirlo en objeto transicional. Por ejemplo, siempre ofrecerlo con el niño en brazos. De este modo no lo alienamos, más allá del algo hay alguien.
También me gustaría decir (y esto sí es una opinión personal) que me parece profundamente injusto obligar a un niño a apegarse a un objeto, para después decidir unilateralmente que ya no tiene derecho a consolarse con él.
Por ejemplo, decidimos que no queremos que realice succión no nutritiva porque nos lleva mucho tiempo y preferimos hacer otras cosas, así que insistimos erre que erre con el chupete hasta que por fin lo coge y a la larga se convierte en algo imprescindible.
Entonces nos parece mal. No puede ser que el peque necesite el chupete para todo, esto no está bien. Y decidimos que sólo se lo damos por ejemplo para dormirse. O que a partir de cierta edad el chupete tiene que ir fuera. De este modo, el niño se queda solo.
Ya no tiene ni a la madre o al padre ni al objeto como consuelo, a pesar de que por madurez emocional los necesita. Negamos desde fuera dicha necesidad y la eliminamos prematuramente.
Un abrazo.

Reflexiones en torno a la fórmula y a la lactancia

Este post no está relacionado con los beneficios-riesgos respecto a la salud tanto para la madre con el bebé.

También queda al margen de la libre elección de cada mujer a amamantar o no hacerlo, yanuncio de entrada mi respeto radical y absoluto a la autonomía de cada una, pues sólo nosotras sabemos qué es mejor en cada momento de acuerdo con nuestras circunstancias.

Hoy quiero hablaros de la dicotomía lactancia-fórmula desde otra perspectiva. Espero saber expresarme con claridad porque voy a reflexionar sobre una serie de ideas que llevan tiempo rondando por mi cabeza de forma más bien desordenada.

A menudo se ha presentado la fórmula como una suerte de ambrosía emancipadora, gracias a la cual las mujeres nos hemos liberado de la ¿esclavitud? del vínculo materno-filial y hemos podido seguir con nuestras vidas después de parir como si nada hubiera pasado.

Al margen de consideraciones de sobra ya expuestas y discutidas como pueden ser la salud, las necesidades emocionales, etc. deseo cuestionar este argumento desde distintos frentes:

La soberanía alimentaria empieza en la teta. La mujer produce una leche con nombre y apellidos para el bebé que mama, en la cantidad exacta, con los nutrientes exactos que éste necesita.

Pongo en duda que entregar el control absoluto de la alimentación de nuestrxs hijxs a grandes multinacionales carentes de la más mínima ética sea fuente de independencia.Estas empresas que producen el presunto jugo emancipador no lo regalan, lo venden, y no precisamente a precio de coste. La industria de la alimentación infantil mueve millones y nuestras tetas a pleno rendimiento no le dan dinero a nadie. (¿Queréis saber más? Aquí)

Por otra parte, está el hecho de que para producir la leche de fórmula debemos explotar a las vacas. La industria láctea es una auténtica película de terror. (¿No lo sabías? Tal vez debas mirar este vídeo). Yo lucho por un mundo libre de crueldad y basado en el respeto, y esto incluye a los animales. Además la industria ganadera es altamente contaminante y perjudicial para el medio ambiente. Nuestras tetas no contaminan y contribuyen a un mundo más amoroso.

Después está el dichoso orden simbólico del que nace la fórmula, originado en la ciencia androcéntrica y masculina, que cree en un progreso y tecnología absolutos e ignora los cuerpos. El cuerpo negado (y deconstruido) por excelencia es el femenino.

La ciencia y le tecnología se han apropiado de todos aquellos procesos biológicos a los que han accedido, uno tras otro. Y ya que estaban en ello han insistido (y siguen insistiendo) en demostrar la prescindibilidad de la madre, o en palabras de Odent, la eliminación de la madre.

Las mujeres ya no paren y lo bebés ya no nacen, se les hacen los partos y los bebés se sacan. Tampoco amamantamos a nuestros bebés, les damos biberón con base en una fórmula ideada y elaborada por hombres, en laboratorios que lideran hombres, distribuidas y anunciadas según estrategias comerciales de hombres.

De este modo la ciencia defiende que ha superado al cuerpo de la mujer, que gracias a los avances tecnológicos ya no es necesario. (No olvidemos que no hace tanto había pediatras diciendo que la fórmula no es que fuera equivalente, si no que era superior a la leche materna.)

Lo que la ciencia obvia es la dimensión afectiva de los cuidados, pertenecientes al ámbito de la subjetividad necesariamente excluido en un discurso purista y androcéntrico de una ciencia que se erige como emisora exclusiva de la verdad y que venera la supuesta retórica racional frente a las emociones, a sus ojos elemento contaminador.

Lo que estoy tratando de decir es que una lactancia voluntaria puede suponer un proceso de reapropiación sobre el propio cuerpo y los propios afectos en un mundo dirigido por expertos de la bata blanca. Implica el ejercicio de lo que Foucault llama biopoder.

Al final no amamanto para que mi hija sea la más sana o la más inteligente de la clase. Amamanto porque quiero, porque tengo un cuerpo, porque sé usarlo, porque tengo tetas y sé usarlas como armas de nutrición masiva, porque como dice Judith Butler, los cuerpos (y las personas que los habitamos) todavía importan.

A nivel personal, me niego a aceptar ser sustituida por o comparada con un recipiente de plástico hecho en China (eso sí, BPA free) relleno de leche conseguida en circunstancias de explotación y modificada en un frío laboratorio.

Y siguiendo este hilo también quiero hacer referencia al típico comentario (seguro que bienintencionado) de algunos feminismos (tradicionalmente, los de la igualdad) que defienden la posibilidad de una lactancia al 50/50 si la madre se saca la leche y tanto ella como el padre se la dan en biberones.

Me niego. Una vez más el argumento se basa en la prescindibilidad de la figura materna y en obviar el hecho de que la lactancia no sólo es alimento, es todo. Y cuando digo todo, me refiero a todo. Dar un biberón, aunque sea relleno de leche materna, sólo es alimento. Pero es que los bebés no viven (por lo menos, no con calidad de vida) sólo por ser alimentados con comida, viven porque son amados. (¿Quieres saber más sobre esto? )

Por otra parte, nos encontramos en una situación donde como siempre se anteponen las necesidades del macho a las de la cría y la madre. Estas últimas sólo se necesitan la una a la otra. El macho en el orden patriarcal necesita estar en la cúspide pero la lactancia (indispensable hasta la llegada de la fórmula), le es ajena.

Y para no herir los sentimientos del macho nos pasamos por el forro las necesidades reales de madre e hijx y creamos una necesidad inventada basada en la ilusión de que darle a un bebé un biberón es lo mismo que darle la teta y que gracias a un sólo gesto vamos a lograr la igualdad (entendida como porcentajes).

Ante esto muchxs me diréis que las mamás que no hacen lactancia materna también tienen relaciones estrechas y afectuosas con sus hijxs, y no puedo estar más de acuerdo. En realidad creo que dicho argumento me da la razón. Si existen múltiples formas alternativas, válidas y eficaces de crear un vínculo afectivo con un bebé, ¿por qué algunxs personas (generalmente padres en masculino, pero también abuelxs, etc.) insisten en invadir el espacio de la lactancia?

Con esta invasión una vez más la igualdad acaba derivando en un nuevo privilegio masculino. (Esto sucede a menudo por ejemplo en políticas públicas relacionadas con la conciliación, que aunque están pensadas para mujeres, al incluir a los hombres “para que los pobres no se ofendan”, invisibilizan el hecho de que las destinatarias – las que las necesitan realmente – son las mujeres y en definitiva los hombres acaban reforzando derechos que ya tenían y ganando nuevos mientras que las mujeres siguen en la precariedad.)

Por lo tanto, en mi opinión la lactancia empoderada es soberanía alimentaria, es apropiación de los cuerpos, en especial del femenino (invisibilizado dentro de la categoría especial en relación al masculino universal), es prueba de la existencia de la figura materna, es reivindicación de los afectos y de las emociones frente a la racionalidad supuestamente neutral, es cuestionar a la ciencia androcéntrica. Es ejercer el biopoder desde el amor radical. 

Lactancia: Un regalo para toda la vida

Almuerzo en el parque.

Este post lo inicio con una referencia al libro del pediatra Carlos González (soy fan) porque fue el que me leí mientras estaba embarazada. Me lo recomendó una amiga y me fue muy bien.

Durante el embarazo desde aproximadamente el cuarto mes me empezó a salir calostro del pecho. Hasta ahí buena señal.

Tenía claro que quería dar el pecho. Mi madre me amamantó exclusivamente hasta los 9 meses, lo cual en su día fue una excentricidad, pero ella siempre me lo contó con orgullo. Sabiendo todos los beneficios de la lactancia materna, tenía que intentarlo como fuera por mi hija.

Total, que nació la peque como os dije e inmediatamente me la empezaron a poner al pecho. Pero entonces, oh sorpresa, yo pensaba que esto era fácil. En mi caso no lo fue. Yo era novata y la peque también. Además la pobre nació con un poco de tortícolis, de modo que depende de cómo la girara le dolía.

La leche tardó en subirme dos días y medio. En realidad no es mucho supongo. Pero el periodo mientras no bajaba fue horrible.

En primer lugar, porque como os digo, le costaba engancharse. Las enfermeras del hospital me ayudaron, pero algunas mostraban una delicadeza mínima. Te agarraban el pezón y lo estiraban a lo loco y empujaban la cabeza del bebé que gritaba a la fuerza. Mirando atrás me parece contraproducente. Yo perdía los nervios y el bebé también. Recuerdo pensar ¿se supone que esto es bonito?

Para ayudarme con la subida de la leche, me trajeron un extractor. Recuerdo que salieron 12 mililitros de calostro en apenas 15 minutos, algo que asombró a las enfermeras. Se lo dimos entre una enfermera y yo “engañándola al pecho”, como si estuviera mamando pero la enfermera se lo iba soltando con una jeringa.

Por la noche lo volví a intentar hacer, pero había una enfermera no tan amable. Puso el grito en el cielo diciendo que a ella lo de la jeringa no le parecía bien, y que la “dosis” de alimento para un recién nacido era de 20 y que si salían 12 de calostro ella complementaría hasta los 20 y se lo daría en bibe.

Yo dije que ni hablar, nada de bibe (para evitar el síndrome de confusión del pezón) y además recordaba del libro y lo que me había informado que el calostro tiene multitud de nutrientes. Esta mujer qué sabía si mi calostro quizá con 5 ml era mil veces más potente que 20 de fórmula.

Total que fui haciendo con la ayuda de las enfermeras más predispuestas e ignorando a las que lo estaban menos. Cuando salimos del hospital a las 48h la peque se enganchaba de aquella manera, pero por lo menos yo ya sabía lo que era un buen o mal enganche y me daba seguridad. El problema fue que al llegar a casa la peque había salido del “letargo” del recién nacido y tenía hambre.

Fue entrar por la puerta y mi bebé plácido empezó a llorar a lo bestia. No paraba. La acercaba al pecho, se agarraba, pero aún no había leche y venga a llorar, venga a llorar. Después de 8 horas así, llorando literalmente sin parar, llamé al hospital. Me pidieron que le tomara la temperatura, estaba a 37, prefebril. La enfermera que me atendió (de las super amables) me dijo que lloraba de hambre y que fuera hacia allí que me ayudaría.

Yo estaba histérica. Esto de la lactancia estaba resultando ser más complicado de lo que pensaba. Después de hablar un rato con la enfermera me explicó que parte del problema podía ser que a estas alturas la peque estaba tan hambrienta que al estar desesperada no podía calmarse para engancharse bien y comer. Me dio un par de bibes con suplemento y me explicó lo siguiente:

– Ahora al llegar a casa le das uno con 20 ml

– Cuando vuelva a tener hambre, le ofreces pecho primero (SIEMPRE pecho) y sólo si se desespera le das suplemento

– Mucha paciencia y tú ser más testaruda que ella. Siempre el pecho primero, o un poco de suplemento lo justo para que se relaje y luego intenta el pecho

Me daba terror el bibe por lo del síndrome de confusión del pezón, pero al llegar a casa y empezar a llorar la peque, no aclarándose con el pezón, le di el primer suplemento. Se calmó instantáneamente y durmió plácidamente cuatro horas.

Al volver a despertarse con hambre, le ofrecí el pecho. Creí notar que la leche ya empezaba a subir, me notaba febril y los pechos hormigueantes. Pero ella todavía no se aclaraba. Le di otro de suplemento cuando ya estaba llorando a rabiar otra vez.

Pensé que tenía que relajarme porque ella no podía hacerlo por mí. Recordé todo lo que había leído en el libro de Carlos González. Yo podía lograrlo, mi cuerpo estaba diseñado para esto. Hablé con una amiga que daba el pecho que me dijo que tuviera paciencia y confiara en mí. Me sugirió que por qué no probaba distintas posturas a ver si funcionaban mejor. Así lo hice, busqué por internet distintas posturas y fui probando.

Al final logré siguiendo un poco el instinto, a solas en la habitación iluminada con luz ténue, que se enganchara ambas estiradas y estaba contentísima. Cuando se lo dije a mi madre o al médico, para mi sorpresa llegaron las críticas: que si la podía aplastar, que si se tenía que acostumbrar a la postura “normal” desde ya para que yo estuviera cómoda, que si le iba a dar un ahogamiento por broncoaspiración (esto último dicho por una señora pediatra con un par de narices), etc.

Recuerdo sentir miedo ante estos comentarios pero hacer oídos sordos. Yo había visto esta postura como buena en las páginas web y en el libro. Mi hija estaba mamando por fin como una jabata y la sensación era maravillosa. Las dos estábamos cómodas, las dos estábamos bien. Sólo necesitábamos tiempo. Y así fue.
Durante el primer mes sólo logramos amamantar tumbadas. A partir de entonces que su espalda ya estaba más fuerte y su cabecita se aguantaba más, fui poco a poco inclinándome más y más, hasta que un mes más tarde ya sabía mamar conmigo sentada. Desde entonces ya mamó de todas las formas (yo de pie, etc.).
El poder dar de mamar en otras posturas me liberó. Ahora podía dar el pecho en cualquier parte. Me daban igual las miradas de incomodidad de mi madre, que no aprobaba que amamantara en público (son de otra generación).
Recuerdo una anécdota, una de las primeras veces que di el pecho en el parque sentada en un banco. No había mucha gente y estaba tan tranquila haciéndolo al sol de invierno con mi madre al lado, que insistió en taparme “un poquito” con el foulard para “no hacer un espectáculo. Por contentarla dije que vale. Acabé cubierta literalmente entera como si llevara un burka. Imaginad la escena. Una figura fantasmal cubierta por un foulard verde con flores estampadas grandes en rosa florescente. Yo diría que aquello llamaba más la atención. Además no veía una torta. Me lo quité y nunca más me he tapado.
No me malinterpretéis, no voy por la calle gritando “aquí estoy yo dando de mamar, MIRADDDD”. Pero si tengo que dar el pecho lo hago y punto. Mi hija tiene hambre, ella va primero y dar el pecho no es nada malo. Hemos llegado a un punto en que el pezón y los pechos de la mujer están tan sexualizados que verlos cumpliendo su función natural les parece abominable e incómodo a demasiados.
Como os contaba, los inicios fueron complicados, pero mi lactancia con la peque ha resultado ser un éxito. Doy a demanda, sin horarios, siempre que lo pide, no sólo por hambre, también para calmar berrinches, para abrazarnos mientras se duerme, etc. Es maravilloso. Cuando traga poquito a poco. Cuando me da la mano mientras mama. Cuando se separa un segundo para regalarme su sonrisa llena de leche. Cuando la pesan en el pediatra y va aumentando de peso sana y fuerte y pienso que todo ha salido de mi cuerpo, capaz del milagro de su vida y de mi alma inundada de amor hacia ella.
En mi caso lactancia no es dar alimento sólo, siento que le doy todo lo que tengo y también lo que no tengo.
Cosas que tengo que oír continuamente a pesar de ser feliz:
– ¿Se despierta por la noche? Eso es porque la leche les deja con hambre. Si le dieras biberón dormiría del tirón.
– Te usa de chupete: Señora, el chupete se inventó DESPUÉS del pezón para sustituirlo, y créame, demasiado a menudo lo consigue (mi hija ni quiere ni usa chupete)
– Hace nada que le has dado, no puede volver a tener hambre: ¡qué manía con los horarios! Y si tiene otra vez hambre: ves, es que no le alimenta suficiente la leche, tendrás que complementar con biberón.
– Los bebés tienen que acostumbrarse a hacer tomas completas (un pecho entero como mínimo). Si no lo hacen los retiramos a los quince minutos y no les ofrecemos otra vez hasta pasadas como mínimo dos horas, para que entiendan que cuando se come se come y no se está por otras cosas: De hecho, esto lo dijo una pediatra con su enfermera asintiendo al lado en una reunión de apoyo a mamis nuevas en el ambulatorio. Sin comentarios.
Esta es un poco a grandes rasgos mi experiencia. ¿Cómo fue la vuestra?
Por cierto, otro libro que me ha encantado es el de la Liga de la Leche, El arte de Amamantar. Os lo recomiendo.