Detergente para bebés

Este post es más de tipo marujeril, pero también va bien compartir este tipo de cosas porque con la maternidad surgen muchos gastos.

Si sois madres ya sabéis que teniendo hijos se incrementa exponencialmente el número de lavadoras y que el detergente no lo regalan precisamente. 

Con la típica canastilla de Caprabo venía una muestra de Norit bebés, que es el único detergente de marca especialmente formulado para bebés que encuentro en los supermercados de alrededor.

El tema es que 750 ml de Norit bebés cuesta 3,99 euros, es caro. En Caprabo no tienen, pero dos supermercados (que yo sepa) sí que ofrecen una alternativa de marca blanca.

Detergente para bebés marca blanca.

Detergente para bebés marca blanca.

En Bonpreu 1 litro sale a 1,99 euros. En Mercadona, a través de su marca propia Bosque Verde también ofrecen detergente para bebés, en su caso el envase de 2 litros, ahora mismo no estoy segura de lo que costó pero si no recuerdo mal 2,50 euros.

Ambos me van bien y tienen muy poquito perfume (que me gusta), pero en este caso prefiero el de Bonpreu, creo que el poco olorcito que tiene la ropa es más agradable.

Un abrazo.

Progreso

Disfrutando de la salida del sol.

Después de unas semanas de sleep regression, parece que la tormenta ya ha pasado. Ahora estamos de vacaciones y mi marido había prometido ayudarme por las noches, bromeamos de que justo cuando estuviéramos los dos, entonces terminaría. Efectivamente.

Ya llevamos un par de noches en que duerme de 8 pm a 7 am, sólo despertándose ligeramente para hacer un par de tomas. Para cuando termina sigue durmiendo y yo también. Estoy que no me lo creo.

El gran cambio que he notado después de la sleep regression es que por primera vez se duerme solita. Me ha pasado de dejarla en la cama y mientras yo voy a ponerme el pijama y vuelvo, encontrármela dormida. Me da una ternura tremenda y la sensación de que ya es muy mayor.

Imagino que habrá noches de todo, algunas en que habrá que acunarla, otras en que no, pero lo cierto es que antes nunca había podido dormirse ella misma y lo atribuyo al fin de la sleep regression. De hecho recordemos que la sleep regression de los seis meses tiene que ver con la adquisición de fases y patrones de sueño más parecidos a los de los adultos, por lo que no me parece una idea descabellada.

Por otra parte, el baby led weaning es divertidísimo y está saliendo genial. No entiendo por qué me daba tanto miedo empezar, porque sigue mamando como una bestia. La diferencia con antes es que a las horas de comer la sentamos en la mesa en la trona y le vamos dando cositas, que disfruta enormemente. 

Hasta ahora ha probado: pan, macarrones, espaguetis, pera, plátano, pollo, brócoli, judía verde, carne de cerdo, canónigos, lechuga, endibia, calabacín y tomate.

El calabacín, el tomate y el brócoli le encantan. La carne y el pan también los rechupetea con gusto.

Y eso es todo de momento. Un abrazo.

Vacunas

Últimamente andaba con la mosca detrás de la oreja respecto a las vacunas, por varias razones.

Una de ellas, que conozco a gente culta y responsable que me comentaba sus razones para no vacunar a sus hijos. Sus argumentos son entre otros que las vacunas no son buenas, pueden afectar a la salud y que en realidad no son efectivas.

Como os digo, dado que esta gente son personas todas ellas informadas y que cuidan muy bien de sus hijos, esto me hacía plantearme una duda razonable.

Por otra parte, ya sabéis que estoy involucrada en la concienciación sobre violencia obstétrica. Es un campo bastante desalentador, básicamente porque muchísimos profesionales de ginecología y obstetrícia (y personal sanitario adyacente) actúan deliberadamente contra la evidencia científica más aplastante.

Es por ello que desgraciadamente esto ha creado en mí un sentimiento de desconfianza que quizá estoy trasladando injustamente a otros ámbitos médicos.

Como sabéis, tengo mis convicciones personales, pero en cualquier caso siempre, siempre, siempre, soy partidaria de que cada familia se informe a fondo sobre los temas que le afecten o le preocupen, para que con base en los datos que recaben puedan tomar una decisión. Cada familia sabe lo que es mejor para ellos, porque no todos somos iguales, por lo tanto no tiene sentido que todos hagamos lo mismo.

Una amiga me comentó que hace tiempo se había encontrado en la misma situación de duda. Entonces leyó el libro En defensa de las vacunas, del maravilloso Carlos González. Lo he sacado de la biblioteca y lo he leído yo también. Estoy encantada.

En defensa de las vacunas, Carlos González.

En defensa de las vacunas, Carlos González.

Carlos González puede despertar distintas reacciones, pero una cosa es innegable y es que es muy buen divulgador.

Le agradezco mucho el esfuerzo que hace de no tratarnos con paternalismo a los padres: sus libros están llenos de datos, explicaciones claras sobre conceptos y sobre todo, remite a innumerable bibliografía seria que respalda lo que te está explicando. Se nota que cuando escribe algo ha hecho los deberes anteriormente.

Si tenía alguna duda o inseguridad respecto a las vacunas, se ha evaporado. Página tras página, con datos plenamente fiables y contrastables, argumenta las razones de por qué vacunar a nuestros hijos.

Básicamente hace un recorrido histórico sobre las distintas enfermedades y el proceso hasta alcanzar la vacuna, más el impacto que la vacunación ha tenido en las poblaciones y sociedades. 

Quiero decir que además de ser un libro científico con datos, es muy interesante desde el punto de vista histórico porque explica anécdotas de la historia de la vacunación y la historia médica. Por ejemplo la hazaña de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna o la Gran Carrera del Suero en Alaska.

Si os encontráis en mi misma situación, os recomiendo esta lectura. A mí me ha resultado muy útil para disipar dudas y tomar una decisión. 

Un abrazo.

No salen las cuentas

De entrada me gustaría decir que esta crítica, como cualquier otra que pueda hacer en mi blog, no es un ataque, si no una invitación a la reflexión respecto de cosas que en la sociedad están totalmente asumidas como automáticas.

Todxs sabemos que lxs bebés necesitan presencia, contacto, cariño. Pero a menudo me sorprendo porque hay padres que se quejan de lo demandantes que son sus hijxs y de la cantidad de contacto físico que exigen (en realidad, un bebé sano necesita los primeros meses el mayor contacto posible), y relatan todos los esfuerzos que hacen en que se acostumbre a tener “su espacio” (mejor dicho, que se acostumbre a no invadir el espacio de los padres), por ejemplo con chupetes, mantitas, peluches, hamaquitas, cunas, moisés…

De este modo sabemos que un día tiene 24 horas. Estos padres por supuesto trabajan, un mínimo de 8 horas, y tienen que desplazarse al trabajo, así que añadimos una hora más. Ya sólo nos quedan 15 horas.

De estas 15 horas, los bebés, especialmente los más pequeños, pasan muchas durmiendo, quizá 12, pero para ser conservadora voy a poner diez (y soy consciente de que me quedo corta). Por supuesto estos bebés que “tienen su espacio” están en su cuna, muy a menudo en otra habitación, sin contacto ni siquiera auditivo.

Ahora nos quedan seis horas de posible contacto. Pero hay que salir a pasear, que nos tiene que dar el aire fresco a todxs después de un largo día en la oficina para unxs y en la guardería para otrxs. Ponemos dos horas más, que por supuesto transcurren en el carrito. Nos quedan cuatro horas de posible contacto.

Cuando estamos en casa, tenemos que hacer cosas. Hay que tener tiempo también para relajarse, y el peque directo a la hamaquita o al parque, con restricción de movimientos, si tiene suerte le irán diciendo cositas a un par de metros, si no, con la tele basta. ¿Una hora más?

Nos quedan tres horas posibles de contacto, mucho del cual tiene que ver con actividades que muchas personas tratan como meras rutinas que hay que llevar a cabo y no como oportunidades de afecto. Hablo por ejemplo de un cambio de pañal o el momento de vestirse.

Si el bebé mama quizá aunque viva en una familia donde le den “su dichoso espacio”, sí que tendrá ratitos en que al menos notará la piel de mamá sobre la piel de su mejilla. Si toma biberón, a no ser que se lo dé alguien que sepa hacerlo de forma respetuosa, ese contacto también se nos escapa.

En muchos casos apenas me salen dos horas de dedicación pseudoexclusiva al peque. Dos horas, de 24 que tiene un día, es apenas un 8,3% del total del tiempo diario.

Creo que con este panorama valdría la pena que los “espacios” de madres, padres y bebés se unieran más a menudo… Y quizá no está de más hacer pedagogía: el lugar de un bebé es el cuerpo de alguien que le quiera.

Cuando seas viejx

Cuando seas viejx, ¿qué clase de persona desearás que te cuide?

Cuando te sientas sólx, agotadx, el cuerpo no te responda y necesites ayuda hasta para lo más básico. Tal vez te sientas asustadx en un mundo hiperestimulante al que no puedas seguirle el ritmo… Y busques ansiadamente el rostro de alguien conocidx, el abrazo de un cuerpo del que conoces el olor y te reconforta…

Unxs cuidadorxs decidirán que eres una molestia en su vida, en sus oportunidades de realización personal, ocio y consumo. En consecuencia te adiestrarán para seguir rutinas, hasta que entiendas que tus necesidades inmediatas no tienen lugar en su existencia. Tal vez pases varias noches durmiéndote entre lágrimas, asustadx, en una habitación oscura que ya no reconozcas. Hasta que ya no llores, porque hayas entendido que nadie vendrá a consolarte.

Y cada vez que haya que ayudarte en algo, ya sea a comer o a ponerte la ropa, el/la cuidador/a se sentirá amargadx, molestx, invadidx en su espacio, donde tú no cabes. No apreciará el brillo de agradecimiento de tus ojos ante una palabra amable o una caricia ni que sea rápida. Sólo verá a alguien que le molesta, que le complica la vida.

Otrx cuidador/a en cambio decidirá que tu estado de vejez es parte de la vida, y que ciertamente conlleva muchos desafíos, a los que tendrá que adaptarse. Pero decidirá la forma de tratar contigo es desde el amor, y que en él encontrará siempre la solución si no buena, la menos mala, donde las necesidades de todxs tengan lugar y sean ponderadas.

Y te dirá palabras cariñosas y te preguntará sobre tu día aunque ya no puedas contestar, mientras te cambia la ropa y tu cuerpo frágil y vulnerable está expuesto. Le bastará tu mirada brillante para continuar conversando, porque sabe que estás ahí. Que tu corazón todavía late, todavía ama.

Cuando seas viejx, ¿con cuál te quedas?

Y ahora que eres joven, ¿qué clase de cuidador/a eliges ser?

Objetos transicionales

Estaba amamantando a peque A cuando se me acercó una de las personas presentes y me dijo con una sonrisa y muy cariñosamente: “sabes, ahora ya entiendo qué es esto que haces. Porque claro, Fulanito (dos años) cuando necesita cariño se coge su chupete y su peluche y se pone cómodo en el sofá y ahí se queda relajado, y cuando Menganita (tres años) necesita cariño, se coge su chupete y se coge su mantita que se frota en la cara hasta que se relaja. Pero claro, como tu pobre hija no tiene ni mantita, ni chupete, ni peluche, no le queda otra que recurrir a ti para sentirse segura.”

Esto que os digo no es ciencia ficción, es real. El planteamiento me ha parecido demoledor.Mi pobre hija, que tiene que conformarse con su madre para consolarse. 
Constantemente nos quejamos de cómo vivimos en una sociedad de relaciones interpersonales empobrecidas y de materialismo exacerbado donde las personas buscan la satisfacción de sus necesidades en objetos.
Pero a la par que nos quejamos, precisamente obligamos a los más pequeños y vulnerables a satisfacer sus necesidades más primarias con pobres sustitutos de la relación interpersonal más dulce y básica que existe, que es aquella con su madre o en su defecto un cuidador que le quiera, y es la que fundamentará todo lo que vendrá después.
Cuando necesito un abrazo, voy y se lo pido a mi marido o a alguien que me quiera, no me abrazo a un cojín suave. Hacer el amor con mi marido no es lo mismo que usar un consolador, o que él use una muñeca de plástico, aunque quizá nos ayudaría a salir del paso en un momento dado.
En cambio a los niños les pedimos que canalicen sus necesidades en objetos. De este modo el pecho de la madre, que no es sólo alimento si no que es cariño, confort, calorcito, olor, se sustituye por una pieza rígida y fría de caucho o de goma. Y la seguridad del abrazo se reemplaza por un peluche o mantita que con suerte por lo menos no vendrá de China.
Estas son las pobres herramientas con las que una gran cantidad de niños tienen que afrontar su dimensión afectiva o emocional. Y después nos quejamos de que los adultos no sabemos establecer relaciones sigificativas y que estamos aislados…
Objetos transicionales:
Aprovecho para explicar el concepto de objeto transicional. Si un niño o niña transfiere su afecto a un objeto, ya sea un chupete, peluche o mantita, significa que existe un gap o desfase entre el cariño y seguridad que necesita y el que sus cuidadores deciden que quieren ofrecerle o creen que deben ofrecerle.
Esto es así y ha sido profundamente estudiado durante décadas por la psicología. Por lo tanto, estos objetos son instrumentos y no necesidades. Lo aclaro porque en este sentido me parece oportuno precisar que no tengo nada en contra de ellos como herramientas en un momento dado (aunque yo personalmente haya decidido no usarlos).
Por ejemplo, una madre que no da el pecho puede encontrar en el chupete una buena opción (de hecho este es uno de los casos en los que es recomendable), o mientras vamos en coche y no podemos sacarnos la teta.
El problema radica en que muchas personas no ven estos objetos como una opción si no como una necesidad. Creen que el chupete o mantita son imprescindibles, cuando no lo son. Sencillamente son una herramienta para que el pequeño o pequeña gestione la ausencia del cariño o afecto explícito que necesita por parte de los cuidadores que de otra manera se le hace literalmente insoportable. 
Por otra parte, hay formas de usar una herramienta como es el chupete sin convertirlo en objeto transicional. Por ejemplo, siempre ofrecerlo con el niño en brazos. De este modo no lo alienamos, más allá del algo hay alguien.
También me gustaría decir (y esto sí es una opinión personal) que me parece profundamente injusto obligar a un niño a apegarse a un objeto, para después decidir unilateralmente que ya no tiene derecho a consolarse con él.
Por ejemplo, decidimos que no queremos que realice succión no nutritiva porque nos lleva mucho tiempo y preferimos hacer otras cosas, así que insistimos erre que erre con el chupete hasta que por fin lo coge y a la larga se convierte en algo imprescindible.
Entonces nos parece mal. No puede ser que el peque necesite el chupete para todo, esto no está bien. Y decidimos que sólo se lo damos por ejemplo para dormirse. O que a partir de cierta edad el chupete tiene que ir fuera. De este modo, el niño se queda solo.
Ya no tiene ni a la madre o al padre ni al objeto como consuelo, a pesar de que por madurez emocional los necesita. Negamos desde fuera dicha necesidad y la eliminamos prematuramente.
Un abrazo.